El día que quise ser Dani Lastra

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Dani Lastra y Alejandro posando en Mareo. [El Comercio]

Por aquel entonces yo aún iba al instituto, era el año 2001, el Zaragoza era el vigente campeón de Copa, el Mallorca jugaba la Champions League, el Barça decidía pagar 15 millones por una promesa francesa llamada Christanval y Dover era nº1 de los 40 por última vez. Pero yo estaba a otras cosas. Por aquel entonces el Sporting de Gijón ya llevaba cuatro años deambulando como un zombi por la Segunda División, para desesperación primero, y posteriormente resignación de toda la ciudad.

Pepe Acebal dirigía a un equipo al que ningún jugador con caché quería acudir, tanto por la falta de proyecto deportivo como por los impagos reinantes, por lo que Mareo funcionaba a pleno rendimiento en un sin parar de promocionar jugadores. Uno de esos jugadores era mi compañero de clase, Alejandro. Aprovechando que los dirigentes sportinguistas, fieles a la tradición minera asturiana, no paraban de picar y picar en una cantera que consideraban inagotable, con apenas 17 años mi compañero ya se convirtió en el guardameta del filial sportinguista de Segunda B.

AQUELLA COPA

Acostumbrados a la nada más absoluta en Segunda División, por primera vez desde el traumático descenso esa temporada el Sporting se enganchaba a la zona alta, y en gran medida lo hacía gracias a la irrupción de un joven del filial llamado David Villa. Si la temporada iba bien, mejor se iba a poner. Sorteo de Copa, primera ronda: sale la bola del Sporting, silencio; sale la bola de su rival… ¡Oviedo! Derbi asturiano ante los recientemente descendidos eternos rivales, y por si fuera poco a partido único y en El Molinón. Un sueño hecho realidad para la parroquia sportinguista que bien podía haber inspirado aquella escena de Football Factory. No me extenderé, pero dos goles de un veinteañero Villa, otro de Pablo Amo y otro de David Pirri, ponían un 4-2 que sería recordado durante años en la capital de la Costa Verde.

La siguiente ronda volvía a repetirse el partido único, superando el Sporting, con goles de Soto, a todo un EuroAlavés que venía con sus Witschge, Téllez o Karmona de lograr grandes epopeyas como ser subcampeón de la UEFA con Geli de antihéroe, o de endosarle al Milán a Javi Moreno por 10 millones. El Sporting daba una alegría a su afición, quizás la primera en un lustro, y se metía en Octavos de final de la Copa. El rival, esta vez a doble partido, iba a ser un recién ascendido a Primera División, el equipo de una pequeña ciudad de Castellón que comenzaba a sonar con fuerza: Villarreal.

FIEBRE EN EL INSTITUTO

De vuelta al instituto, por allí todo seguía igual… hasta esa semana. Juanjo Valencia, portero habitual del primer equipo, había sido expulsado el Domingo ante el Leganés de Lambea y Clotet, por lo que no podría ir convocado al partido ante el Villarreal. Por lo tanto, siendo Juanjo González el portero titular para ese encuentro, Pepe Acebal tendría que hablar con Marcelino García Toral para subir a un portero del filial. Habida cuenta de que Bruno se encontraba lesionado, la plaza estaba abierta. Y de ello nos pasamos hablando toda la semana, antes, durante (sobre todo durante) y después de clase, viendo El Molinón desde la ventana del instituto, con la misma ilusión que si el convocado pudiese ser yo.

Sin embargo la ilusión duró poco; el elegido fue el más experimentado Dani Lastra. Por supuesto a mi me daba igual que esa decisión fuese de lo más lógica: desde ese momento pasó a ser mi enemigo, por aquello de quitarle el puesto a mi compañero, y de paso, quitarme a mí la posibilidad de presumir de ir a clase junto al nuevo Ablanedo. Pero eso pasó pronto de un extremo al otro, como todo en la adolescencia.

EL PARTIDO

Por un lado era una tarde fría, en pleno mes de Diciembre, de un Jueves por la tarde y tocaba pagar aún siendo socio. Por otra jugaba el Sporting, octavos de final, contra un equipo de primera y con la posibilidad de cenarme un buen bocadillo de chorizo disfrutando del partido. Sopesando esas razones a favor y en contra, ganaron por goleada los alicientes, y allí fui, junto a otros pocos miles de irreductibles, a ver si saltaba la sorpresa.

Tanto el Sporting como el Villarreal ponían en juego a varios titulares, sobre todo hombres decisivos (sí, antes eso era lo normal en la Copa). En una de las primeras jugadas del partido, sin cumplirse siquiera el primer cuarto de hora, Gica Craioveanu se adentra en el área sportinguista, y Juanjo le derriba en su salida. Penalti y tarjeta roja para el guardameta. En el banquillo local hay un joven tragando saliva. A los pocos segundos está en pie junto a Quini en la línea de banda, y se anuncia el primer cambio:

“Autocasa, su concesionario Peugeot en Gijón, informa: cambio en el Real Sporting, Dani Lastra sustituye a Villa”.

DE ENEMIGO A HÉROE

Recapitulando: 14 minutos de juego, con un jugador menos, con un debutante de 20 años bajo palos, y sin tu mejor jugador en una sorprendente decisión del entrenador. El veterano Craioveanu pone el balón en el punto de penalti, coge carrera, lanza… ¡Y para Dani Lastra! El mejor debut posible, ya no podía ser más acérrimo enemigo de este chico. Si los Kinks y los Jam cantaban “I wish I could be like David Watts”, en mi caso, ¡ojalá pudiera ser Dani Lastra! El Molinón enloquecía, un chaval de la ciudad, que por caprichos del azar estaba en el banquillo, acababa de parar un penalti a todo un mundialista curtido en mil batallas. La noche prometía épica, y épica hubo: corría el minuto 29 del partido cuando Pablo Álvarez, otro canterano eterna pareja de David Villa, disparaba superando a López Vallejo. El Molinón volvía a vivir una de aquellas noches.

Tiempo de descuento de la primera parte, momento ideal para ir quitando el papel albal al bocadillo. Pero Craioveanu casi hace que me atragante. Con el tiempo cumplido, el rumano se desquitaba y lograba empatar el encuentro. Desgraciadamente tras el descanso el barco se fue a pique: 1-2, 1-3, 1-4… En el descuento volvería a marcar Pablo Álvarez, pero el pescado ya estaba vendido.

Ya solo quedaba buscar un 0-3 en Villarreal que nunca llegó. Y ya sin Dani Lastra, el héroe que un puñado de miles de personas quisimos ser durante aquella media hora de un frío anochecer de invierno.

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Ficha del partido, para nostálgicos [El Mundo Deportivo].

POSTDATAS Y COROLARIOS

1. Tres días después, sancionado Juanjo González, Dani Lastra tuvo que viajar a Valencia para volver a sentarse en el banquillo. El guión se repitió: lesión de Juanjo Valencia y Lastra tenía que entrar al terreno de juego. Volvería a encajar cuatro goles, esta vez ante el Levante de Ettien y Kaiku. El joven portero no volvería a jugar con el primer equipo.

2. Aquella Copa del Rey acabó ganándosela el Deportivo de la Coruña de Valerón y Djalminha al Real Madrid de Zidane y Pavón, con el famoso “Centenariazo” en el Santiago Bernabéu. Algo es algo.

3. En el caso de que esta sucesión de carambolas sucediesen hoy otra vez, el primer portero del Sporting es Cuéllar, el segundo es Mariño, y como tercer portero del primer equipo esta campaña decidieron fichar del Real Zaragoza a Óscar Whalley. En el fútbol de élite de hoy ya no hay sitio para los Danis Lastras, ni para los que nos identificamos con ellos.

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