Fernández y Fernández: el emperador iba desnudo

3020597513_cd4a378716_oYo ya lo sabía, me vais a perdonar que lo diga así de chulo, y sobre todo me vais a perdonar que no lo haya dicho antes: yo ya sabía que José Ángel Fernández Villa tenía algún chanchullo de este tipo a sus espaldas. Pero ojo, no lo sabía porque yo sea el más listo; es que toda Asturias lo sabía. Hace ya muchos años que circulan por los bares chismes sobre los fondos mineros, batallas de la guardia petroriana de Villa zanjando discusiones, o simplemente pintadas que convertían las paredes en los periódicos del pueblo, donde se podía decir anónimamente lo que todos pensábamos pero nadie se atrevía. Y de pronto, un día, todos nos despertamos sorprendidos por la imputación de Fernández Villa. Pero no sorprendidos por los hechos denunciados en sí, por lo que estábamos sorprendidos es porque algo así viese la luz, que un tabú tan enorme saliese en portada de la prensa. Resulta que el Emperador Fernández Villa no llevaba un traje de telas mágicas que solo podían ver los estúpidos como en la fábula, resulta que iba desnudo, siempre había ido desnudo, y todos los que lo pensamos pero no nos atrevíamos en denunciarlo, no éramos los estúpidos.

En el mundo moderno, a diferencia de en la famosa fábula, los emperadores no llevan trajes de telas mágicas para tapar las vergüenzas; hoy se tapan con medios de comunicación, con redes clientelares, con amigos influyentes… pero igual que sucede con los trajes, llega un momento en que se desgastan tanto que se desgarran, dejando al pueblo ver la realidad.

En Asturias esos materiales textiles tienen fecha de caducidad: a otro Emperador Fernández, quien también durante años vistió esas telas mediáticas mágicas, comienzan a vérsele las vergüenzas. Parece ser que en Xixón, hace 20 años, unos sastres muy poderosos (¿quizás los mismos?) hicieron otro traje del mismo material que el de las cuencas. Aquí no hay mina, pero sí que hay otra industria muy potente, el fútbol, y también hay un Fernández que la maneja. Este otro traje mediático-clientelar de este otro Fernández, lleva resistiendo 20 años las miradas inocentes del populacho, 20 años resistiendo algunas críticas ocasionales, 20 años tapando las vergüenzas de quien lo lleva. Pero como en la fábula, un día surgió una voz, esta vez no la de un niño inocente, si no la de la asociación Tu Fe Nunca Decaiga, quienes armados hasta los dientes de argumentos, señalaron no solo al rey, sino a toda la corte, afirmando con contundencia y con pruebas en la mano que estaban completamente desnudos. La denuncia fue tan evidente que tuvo un eco tremendo, y ante el deshilado de esas telas hechas de una mezcla entre papel impreso y ondas medias, todos los súbditos se reunieron el pasado fin de semana por miles señalando la mentira.

Fernández y Fernández iban desnudos, solo que sus poderosos trajes, o más bien armaduras, nos impedían denunciarlo a los cuatro vientos. El problema es que cuando uno pierde la inocencia, no la pierde un poco; la pierde del todo. Y las sospechas de los plebeyos, hartos de ser engañados y de subvencionar su propia ruina, apuntan a que no es solo que el emperador vaya desnudo; tampoco es solo que lleven décadas pagando de sus bolsillos esos trajes mediático-clientelares; es que la Asturias contemporánea oficial se ha construido sobre la base de esta industria textil tan extraña.

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