Políticas deportivas (I) S.A.D.s, dinero público e incapacidades políticas

Ceguera, comodidad, incapacidad, complicidad, cobardía… desconozco las razones, pero hastiado de la dejadez política, especialmente de los movimientos que aspiran al cambio social, con respecto a las políticas deportivas tanto municipales como estatales, abro esta serie de artículos con la idea de generar algo de debate al respecto. Aprovecho la noticia de la investigación de la Comisión Europea a la Liga Española para abrir fuego:

ImagenLa industria del fútbol supone el 1,7% del PIB español. ¿Por qué no existen modelos alternativos sobre cómo gestionar algo tan importante? ¿Ninguna organización política plantea alternativas a la financiación pública de estadios de fútbol? ¿No existen críticas a la creciente importancia en el fútbol español de las apuestas, los fondos de inversión o los magnates con fortunas de origen más que dudoso? ¿Por qué los movimientos sociales, la izquierda o simplemente la oposición política se abstienen de plantear batalla en este terreno?

El mayor triunfo en política es hacer pasar tus ideas por lo único lógico, por lo normal. Es decir: yo no decido esto siguiendo ningún interés, lo hago simplemente porque es lo normal, lo que haría cualquier persona que sepa algo de esto, no es opinable y por tanto no hay alternativa posible. Esto sucede con el fútbol. El sistema de solo dos ligas profesionales es lo normal, las S.A.D.s son el único modelo posible, y que las instituciones públicas sigan metiendo dinero a fondo perdido en empresas deportivas privadas refuerza la marca España. Y esto es así por una razón muy simple: porque nadie lo rebate. En épocas de crisis, los consensos se rompen y comenzamos a dudar si todo esto que nos plantearon como “normal”, como verdad absoluta, no será más que una opinión de alguien con determinados intereses. Y es por ello por lo que llama la atención que ahora que está en cuestión desde la forma de Estado, hasta la sexualidad, pasando por el sistema económico, siga sin alzarse ninguna voz importante que abra debate en torno al modelo del fútbol español.

Una vez más, tienen que venir desde eso que llaman Europa a decírnoslo: “Bruselas expedienta a España por ayudas ilegales a 7 clubs de fútbol”. Lo raro es que no haya pasado antes: Bankia financiando el fichaje de Cristiano Ronaldo, igual que financia la deuda de varios equipos valecianos; los pelotazos (y no precisamente futbolísticos) de Florentino Pérez con la ciudad deportiva del Real Madrid; el capítulo aparte de la familia Gil; las deudas con Hacienda y la Seguridad Social… Como tantas otras cosas, no hacía falta que viniese ninguna Comisión Europea a decirnos todo esto, ya lo sabíamos, aunque disimulásemos muy bien.

A parte de la cuestión de Bankia en la Comunitat Valencià, la Comisión Europea dice que el problema es que Athletic, Osasuna, Real Madrid y FC Barcelona, no son Sociedades Anónimas Deportivas. Cualquiera que conozca algo de la historia reciente del fútbol español sabe la debacle que supusieron las S.A.D. Podemos deducir que a la Comisión Europea no le preocupa la salud del fútbol español, ni las injusticias o inmoralidades que existan, lo que denuncian en esta noticia es que algunos clubs españoles distorsionan las competiciones europeas. Punto. Con Almunia a la cabeza (recordemos que era ministro del Gobierno que aprobó la Ley de S.A.D.s) afirman que si esos clubs obtienen grandes ayudas públicas es por su condición de entidades no lucrativas, en vez de Sociedades Anónimas. Almunia y su Comisión crean una relación causa-efecto absurda, parece que desconocen que por ejemplo en Alemania los clubs pertenecen a sus aficionados a diferencia del modelo S.A.D. español. Más de 30 años después, Almunia demuestra no haber aprendido nada e insiste en el mismo modelo, ignorando (¿o quizás no?) que así cumpliría el sueño de Florentino Pérez: un Real Madrid convertido formalmente en una empresa mercantil privada, de manera que pueda seguir haciendo los mismos chanchullos pero sin depender del voto de los socios. A estas alturas plantear la S.A.D. como solución es un mal chiste en el mejor de los casos. ¿Pero qué otras propuestas hay sobre la mesa? ¿Por qué no se rehuyen simplismos y se anima el debate como sí sucede en casi cualquier otro ámbito?

Hubo un tiempo en el que los partidos políticos y los sindicatos tenían un proyecto, un modelo político y social, una utopía hacia la que caminar. Si uno aspira a transformar el mundo, ¿cómo es posible que no tenga una propuesta para el 1,7% del PIB, que además, guste o no guste, es el principal entretenimiento de todo un país? ¿Complicidad, cobardía o ceguera política? La mayor derrota posible en política es abandonar un escenario de posible debate, despreocuparse y renunciar a plantear batalla dialéctica en él por sentirlo ajeno. El discurso de “el opio del pueblo” ha sido muy cómodo durante un tiempo, en la situación actual toca asumir responsabilidades y dar un paso al frente.

Iñigo Arza

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