“Quiero que me devuelvan mi equipo y no pienso poner un solo céntimo para ello”

tequierosportingodiotodoloqueterodea1. De cómo los clubs de fútbol de la LFP fueron expropiados a sus dueños por las deudas generadas

En 1992 los clubs de fútbol, es decir, asociaciones democráticas sin ánimo de lucro, fueron expropiadas a sus socios. Al Gobierno socialista se le ocurrió que como los clubs acumulaban deudas había que obligarles a cambiar su estructura y mercantilizar su gestión, para así, decían, evitar la quiebra del fútbol profesional.

Bien, aceptemos su premisa: si hace 21 años se expropiaron sin indemnización los equipos de fútbol de la LFP a sus legítimos dueños por acumular una deuda de 172 millones de euros en total, ¿por qué no se hace lo mismo hoy con una deuda global de 5.000 millones?

2. De cómo los clubs de fútbol de la LFP fueron expropiados a sus dueños por no existir responsabilidades sociales

La argumentación para que el cambio propuesto fuese pasar de un club gestionado por una junta directiva elegida democráticamente por los socios, a una Sociedad Anónima gestionada como cualquier otra empresa, fue que no existía una responsabilidad clara en esa gestión, y esa era la razón de que se acumulasen deudas, que nadie se hacía responsable de ellas.

De acuerdo, volvamos a aceptar esa premisa: si el modelo de clubs se consideró obsoleto para el fútbol profesional porque sus gestores no se hacían responsables de las deudas generadas, ¿por qué no considerar obsoletas las SAD que han padecido esa misma situación elevada al cubo y expropiar los equipos a sus responsables?

3. De cómo los clubs de fútbol de la LFP fueron expropiados a sus dueños por no ser autosuficientes y no existir transparencia en la gestión

Esta fue otra de las razones para la privatización de los clubs de fútbol: la falta de transparencia y de una gestión sostenible. Esto se solventaría, decían, con la SAD. Bien, volvamos a aceptar la premisa.

Si los clubs de fútbol fueron privatizados y mercantilizados en 1992 por falta de transparencia en su gestión, echando un vistazo a la situación de la gran mayoría de las SADs, vemos que las cuentas tienen una opacidad infinitamente mayor, ¿por qué no hacer otro cambio de modelo sin indemnizar a los dueños? Y no solo eso, si no que primero los pelotazos inmobiliarios y ahora los fondos de inversión y otras circunstancias del fútbol moderno, han hecho que el tráfico de influencias sea una nueva tradición en los palcos. ¿Por qué entonces no expropiar los equipos de fútbol a sus dirigentes actuales como se hizo en 1992?

4. De cómo los clubs de fútbol de la LFP fueron expropiados a sus dueños y ahora se les pide que vuelvan a pagar por ello

Ante las protestas porque un empresario esté hundiendo al equipo de uno, la respuesta es universal: “pues pon tú el dinero”.

“Pues pon tú el dinero”, seguramente no exista una frase más cruel que decirle a un aficionado hablando de su equipo. Es decir:

– Después de construir una asociación.

– Despúes de dotarla de unas instalaciones.

– Después de lograr un capital deportivo.

– Después de crear un sentimiento de pertenencia.

– Después de crear una “marca”, una imagen importante en todo el país.

– Después de que te lo expropien sin darte ninguna contrapartida.

– Después de ser utilizados para mantener la imagen y por tanto los ingresos que genera.

– Después de financiarles indirectamente mediante las subvenciones otorgadas a la SAD

– Después de pagar instalaciones municipales utilizadas por la SAD.

– Después de pagar durante años el abono y comprar todo tipo de productos.

– Después de que las SAD te deban millones vía Seguridad Social, Aytos, CC.AA. etc.

Después de todo eso: “pues pon tú el dinero”.

Y para rematar, el dueño de la SAD descapitaliza económica y deportivamente tantos años de esfuerzo colectivo, mientras que, curiosamente, sus negocios personales vinculados parece que no solo no se debilitan, si no que se expanden y de paso dan de comer a algunos amigos. Y entonces, cuando protestamos, resuena otra vez la crueldad hecha cinismo: “pues pon tú el dinero”.

Pues no, lo siento. Y además, la respuesta del aficionado debería ser tan simple como devolverles el órdago que ellos lanzan, solo que esta vez lleno de razones y legitimidad: “Quiero que me devuelvan mi equipo y no pienso poner un solo céntimo para ello”.

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