Hasta ahora todo va bien

Toda la semana esperando el partido, como si mi vida dependiese de ello. Realmente depende de ello. Mi vida marcada por el resultado de un juego, absurdo, ya, ¿Pero quién te crees tú para juzgarlo? Me acomodo en el sofá, todo listo para que comience el “juego”. Entre pase y pase recuerdo la época en que el fútbol no significaba nada para mí. En realidad sí que significaba, y mucho, pero todavía no lo había descubierto.

¡Pero pásala joder, no ves que está solo!

Y así con el paso del tiempo cogí esta costumbre. La soledad, mi televisión y yo pasando juntos todas las tardes de Domingo. Lo mío no es el estudio de las tácticas, de las alineaciones, o si este jugador es mejor que el otro. Lo mío es pasión pura y dura, amor y rabia, mis sentimientos a merced de lo que suceda durante 90 minutos, lo que va a ser para mí esa semana en las piernas de 22 personas.

¡Árbitro hijo de puta! ¡¿Pero cómo que penalty y expulsión?!

Lo de 22 personas es algo iluso, siempre puede aparecer un invitado inesperado y joderte el partido. Como era de esperar acaba en gol. Las manos a la cabeza y los gritos a la televisión. Contengo la rabia como puedo y me vuelvo a sentar en el sofá. ¿El partido más fácil de la temporada? Periodistas de los cojones. Minuto 10, con un jugador menos y perdiendo 0-1.

Cambio los gritos por el tabaco. Enciendo un cigarro y lo fumo compulsivamente. Tranquilidad, me repito en voz alta. Queda mucho partido, repito también intentando convencerme. No, no me convenzo, y el mechero lo paga estrellándose contra el suelo. El descanso se precipita y la segunda mitad comienza igual aunque con la cajetilla medio vacía. Parece que en cualquier momento puede llegar el empate. Pero no llega. Golpeo la mesa con rabia porque no llega. Grito a nuestro jugador estrella, ¡A MI jugador estrella! Porque no llega a ese remate que parecía tan claro. Mis ilusiones, mi vida en sus manos, y no llega. La desesperación sí llega. También el cartelón con el tiempo de descuento, y con él la ansiedad que lo domina todo, hasta que el pitido final da paso a la tranquilidad de quien ya sabe que la suerte está echada.

Limpiándome las lágrimas recojo el mechero. Me voy a la cocina, ¿Para qué? No lo sé, ya todo ha acabado y hemos perdido. He perdido. Con las manos en la cara no puedo evitar seguir maldiciendo a mi jugador, salvador en tantas ocasiones, pero traidor hoy en la más importante. ¿Por qué no lo hiciste hoy otra vez? ¿Acaso tanto te costaba maldita sea?

Otro cigarro, el último. Cuando una situación se ha dado tantas veces la hueles, sabes que va a pasar. Y lo peor de todo, no puedes evitarlo. ¿O quizás sí? Mientras oigo cómo se abre la puerta de casa, me acerco a la ventana de la cocina a acabar el cigarro. Miro a la calle, cinco pisos de caída. Miro al cajón de los cubiertos, quince centímetros de hoja.

Este partido ya lo he jugado cientos de veces y el resultado siempre es el mismo. Pero no, esta vez no. Esta vez cuando suene el pitido inicial uno de los dos rivales no va a estar presente.

4 Responses to Hasta ahora todo va bien

  1. Julián says:

    Pues sí, un relato duro… pero tal vez es lo que toca en estas fechas.

  2. Sergio says:

    Muy bueno… aún recuerdo cuando perdimos en el torneo del abierto contra Maychan y compañia… la depresión tardo en quitarse por lo menos un mes… en aquellos tiempos, si el futbol no era nuestra vida, poco le faltaba.

  3. Pues sí, un artículo duro porque la realidad es así, estoy seguro de que cada día hay muchísimas historias así. En estos tiempos escribir cosas duras es lo que toca como bien dices Julián.

    Sí Sergi, de aquella era todo más fácil, el fútbol era nuestra vida y nos daba igual lo que pasaba alrededor o en el mundo. Pero bueno era nuestra vida para bien, no como en este caso.

    Gracias por pasaros, a ver si no tardo mucho en actualizar que ando liado últimamente y con el pc fastidiado.

  4. Gonza says:

    Enhorabuena por el artículo. Muy crudo y muy sincero.
    Puta mierda de tiempo que nos ha tocado vivir

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